sábado, 22 de agosto de 2009

De esas palabras que dan alivio y culpa

Ahora que escribo el titulo, me doy cuenta que hay tantos actos dañinos que producen un caleidoscopio de combinaciones de alivio y culpa. Pienso en: las primeras acciones onanistas (incluyendo las inseparables chaquetas mentales), los actos Sado-masoquistas (pero inconscientes ¡eh! ), la calma del ansia . . .


Pero los actos no precisamente dañinos como las disculpas o hablar de cosas vergonzosas con el proposito de cambiarles el lugar.

Son de esas palabras que se quieren decir y eximir de cargas pero que al mismo tiempo parecen arrastrar una responsabilidad tremenda. Dan miedo y al momento que son pronunciadas suenan terribles pero divinamente justas. Me dan la sensación de una especie de bola de pelos, un algo en la garganta que no se pasa y que es mejor sacar, y justo cuando están afuera se siente un alivio increíble. Siento que cuando logro decirlas se me aprietan los labios y salen despavoridas, sin querer salir, casi arrojadas. Es entonces cuando escupo aquello que no me dejaba ser y no me queda más que verlas y asumirlas como mías.





En realidad no esta nada mal, a veces se transforman en una especie de mariposa que me revolotea en la cabeza y sale por la ventana, a veces en vomito que tengo que limpiar. Pero siempre están acompañadas de menos drama del que esperaba. Es como si sacudiera la mano conmigo misma e hiciera las paces con aquello que parecía dividirme.





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