sábado, 1 de agosto de 2009

Mi tesis

Siempre supe que quería hacer tesis y lo asumí de forma muy natural. Justo cuando comencé la carrera pensé en hacer una tesis como un ejercicio auto exploratorio, donde el lector se involucrara en una serie de preceptos e ideas sin mayor relevancia más que las ideas mismas, ósea, lo importante era el ejercicio de la reflexión; y justo cuando el lector sintiera estas ideas masticadas, llevar el texto a una especie de metalectura de lo antes reflexionado y así recapacitar acerca del proceso de adquisición de conocimiento. Aunque es algo común en la literatura, eso de involucrar al lector y hacerlo parte del texto creo que es pretencioso para una tesis de licenciatura, o incluso para un texto científico (como supuestamente debería ser una tesis) aunque todavía me parece algo muy apropiado para la psicología, quien sabe a lo mejor un día lo hago.


Tengo la desventaja de que nunca he puesto tanta atención a mis palabras, a como las escribo y a lo que quiero transmitir. Así que, estoy aprendiendo a escribir,pero me esta gustando. Antes me parecía tortuoso y me lastimaba discutir con tantas personas por mi mala ortografía, tenia que descubrir lo bonito de las palabras y sus sentidos para querer más.


En fin ya llevo casi dos años en esta extraña quimera, que me ha arrancado pedazos de carne, me coloca estrellas en la nuca, me zangolotea y que me mata sólo para revivirme después.

¿Cómo algo tan personal se ha vuelto para los demás?

¡Apúrate a la tesis! ¡Ya titúlate! ¡Sólo llevas tantas páginas!

Voces persecutorias me devoran y no me permito sentir la linda brisa de la memoria, en este momento me llega una en particular:


Un profesor que no era mi profesor, un padre que no era mi padre, me alecciono de lo terrible de una tesis de cómo para el fue un proceso de reencuentro consigo mismo, porque estudio sociología y en su tesis se remonto a sus orígenes a su tierra. Me dijo que seguramente para los psicólogos era un proceso aún más personal y que para el su cuñada (psicóloga) era un cero a la izquierda. Yo estaba sentada en su mesa, era estudiante de los últimos semestres y esperaba ganarme un poco de su severa aprobación, por las circunstancias que me tenían ahí.

¡Ja! No se si la obtuve, creo que no pero esa experiencia más violenta que pedagógica fue mi primer acercamiento con lo que le atraviesa uno cuando hace la tesis.


Me gustaría cambiar tantas cosas de este recorrido, no por hacerlo más rápido sino por disfrutarlo más. Soltar estas anclas pesadas de los prejuicios y las expectativas para saborear gratamente mi partida.

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